Reciclaje y personalización de Agenda (o como intentar no caer en la fiebre de los planners)

Si como yo sigues en todas las redes sociales posibles -Facebook, Instagram, Youtube, Pinterest…-  el mundillo scrapero, es imposible que no te hayas tropezado con un montón de entradas sobre los planners: nuevos modelos, marcas, personalización y cómo algunas personas hacen en sus páginas cosas increíbles. A veces me pregunto si dedicar tanto tiempo a organizar el tiempo para lo que tienes que hacer es productivo o contraproducente… Pero bueno, es inevitable caer en la tentación de querer hacerse con uno de estos últimos, monísimos, solicitadísimos -y carísimos- planners.

Yo siempre he sido muy entusiasta de las agendas, siempre he tenido una u otra desde el instituto, en las que apuntaba, dibujaba, guardaba recortes… vamos, lo que tiempo después he descubierto que era scrapear de manera espontánea. Algunas son auténticos art-journals (sin gesso ni ‘embellishments’, claro). Y las tengo todas guardadas, porque no he podido desprenderme de esas libretas que casi son diarios personales, en los que a veces de manera extensa y otra más escueta, he ido preservando mi memoria, mis pensamientos, los teléfonos y las citas de gente que en ese momento, en ese lugar, compartieron conmigo su ser.

Especial cariño le tengo a una Finocam que me regalaron unas navidades, me acompañó durante más de cinco años y  marcó una época de mi vida en la que no me compraba un bolso si en él no me cabía la agenda. La cuestión es que compré un montón de recambios y obviamente no utilizaba todas las hojas. Creo que al año siguiente, un familiar me regaló otra agenda por mi cumpleaños, que la verdad no me gustaba demasiado y ha estado en un cajón hasta ahora, porque me daba mucha pena deshacerme de algo nuevo.

He mirado mil veces en las tiendas online los planners, especialmente éste y los he tenido en el carrito de la compra en más de una ocasión, pero siempre lo he dejado al final. Y ahora me alegro, porque decidí recuperar la agenda que tenía sin estrenar, rellenarla con los recambios que pudiera reutilizar y estoy encantada con el resultado. Fotos!!

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En la primera foto cómo era la agenda y en la segunda cómo ha quedado. El papel es del Lidl (ya lo pudisteis ver en la portada del Album Times Goes By… ) pero me gustaba tanto que compré dos unidades y me apetecía usarlo en un objeto que vea amenudo. El reloj es de metal de Tim Holtz. El cuero no está oscurecido, es un efecto de la diferente iluminación.

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Estas son las páginas y el marcador que traía dentro, como véis están muy desactualizados de diseño y son bastante feos así que los he sustituido y los he hecho desde cero con la colección Color Crush de Webster’s Pages.

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Por dentro está muy bien ya que tiene bolsillos donde podré colocar algunas cosas para decorar y algunos carnets y tarjetas que llevo siempre encima. El marcador lo he hecho con un punto de libro que apareció guardado precisamente dentro de mi Finocam, tiene un montón de tiempo pero ya le he encontrado el propósito adecuado.

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Las páginas las he hecho de los restos de los recambios de años pasados. Como eran más grandes me ha tocado recortar y guillotinar y al final han quedado un poco más cortas que la agenda, pero lo prefiero así a que se vea la fecha que no corresponde. Me gusta tener un día por página porque hay veces que utilizo estos espacios para apuntar algo más que citas y ése fue uno de los motivos por los que no me convencían los planners de la tienda.

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De momento las he dejado en blanco, aún tengo tiempo para pensar como les pongo la fecha, si lo hago a mano o encuentro algún fechador que me convenza, también tengo que completarla con los calendarios y alguna otra sección, pero eso ya lo haré tranquilamente, en diciembre empiezan a salir los imprimibles del año entrante.

Yo estoy contentísima con el resultado, es casi como tener el de la tienda, pero sin gastar dinero y haciendo hueco en los cajones. Espero vuestros comentarios. Nos leemos pronto.